domingo, 10 de enero de 2010
Joven: ¿Cómo vives tu noviazgo?
Febrero: mes del amor…y de los ¿novios?
Febrero es llamado el mes del amor y la amistad, mes en que especialmente el día 14 vienen los regalos, los chocolates, las flores, los monitos de peluche y todas otras “muestras” de afecto, cariño y amor. Y sobre todo, es un día y un tiempo en que se celebra el noviazgo, la compañía de las parejas y se exalta al “dios amor” como el único festejado.
Pero hablemos del noviazgo, esa etapa previa al matrimonio que hoy en día deja mucho que desear, pues al igual que el matrimonio se ha ido desvalorizando en su sacramentalidad y finalidades, el noviazgo también ha dejado de ser esa hermosa y necesaria etapa de preparación y conocimiento de la pareja con miras al sacramento del matrimonio. Los jóvenes hoy viven el noviazgo con excesos en la relación, como si no hubiera un futuro, como si esa relación no llevara consigo una trascendencia, un crecimiento, sólo importándoles el presente, lo que están viviendo, manifestado que lo único apetecible es el placer, el sentir bonito y agradable.
Quizás la cultura hedonista (que afirma que lo único que importa es el placer, lo que hace sentir bien y cómodo a una persona sin que ésta se esfuerza por conseguir nada), y consumista, en la que estamos inmersos en esta época, a dejado huella en muchos aspectos de la vida del ser humano, como lo es en el noviazgo y el amor humano. Otro grave problema social que ha llegado a la relación de las parejas es a violencia física y psicológica, que no sólo se da en el matrimonio, sino que la gran novedad de hoy es que ésta violencia se comienza desde el noviazgo.
Las parejas que sufren violencia presentan daños psicológicos (shock, terror, miedo, sentimiento de culpa, irritabilidad, ansiedad, depresión y baja autoestima); biológicos (trastorno del sueño, pesadillas, susto y síntomas somáticos) trastornos alimenticios y sexuales, daños cognitivos (falta de concentración, confusión y falta de resolución de problemas), conductuales (evasión, retiro social, estrés interpersonal y hasta tendencias suicidas). Ante esta situación, los signos para considerar si se vive violencia en la relación de noviazgo son: hay daño físico, control en diversos aspectos, amenazas de hacer daño si lo (la) dejas, cambia las cosas verdaderas para hacerte sentir culpable de sus acciones, quiere saber dónde estás a cada momento, no puedes opinar, no escucha ni le preocupa lo que piensas, pierde la paciencia con facilidad, te acusa, te humilla.
Además de la violencia, otro aspecto negativo que se vive con frecuencia entre los novios es la infidelidad. Y esto se da porque precisamente como decía anteriormente, no se ve la intencionalidad de la relación hacia al futuro, hay una falta de compromiso con el otro (a), solo se piensa en el presente, en tener una pareja y si ya no resulta, no me gusta o no me satisface, la dejo y me voy con otra (o).
Otras parejas, aunque se llamen novios, no lo son ni probablemente quieren serlo: son amantes en el sentido más pobre de la palabra, compañeros de quita y pon, enamorados mientras dura, pobrecillos que dan y toman todo lo que pueden, sin la luz de una norma moral. Y es el caso de las relaciones sexuales antes del matrimonio. Viven “calándose” con una (o) y con otra (o) y no quieren saber que la felicidad del amor humano exige fidelidad, sentido de responsabilidad, aceptación gustosa de las limitaciones que impone el hecho de ser hombres y no animales: criaturas de Dios; más todavía: hijos de Dios.
Ya es difícil en nuestra cultura actual ver a parejas que viven un noviazgo sano, un noviazgo limpio y conforme a lo que es. Sin embargo existen y las hay. Afortunadamente no todo es negativo. Y que bien y felicidades a ellos. Pero es importante que hoy los jóvenes se cuestionen como viven su noviazgo, por que a veces son novios si saber que es el noviazgo, o creyendo que sólo es para tener una pareja sentimental, y muchas veces también pareja sexual.
El noviazgo es una etapa en la cual dos jóvenes que se atraen mutuamente (puede ser por cualidades físicas o cualidades internas o sea la forma de ser de la otra persona) y deciden compartir o empezar una vida juntos para conocerse mejor, para compartir juntos alegrías y tristezas, dificultades y triunfos. Pero esta etapa requiere que la persona tenga cierto grado de madurez emocional, biológica, psicológica, afectiva y moral para responder adecuadamente a las exigencias del matrimonio, el cual es el objetivo del noviazgo. Por eso, no es tan recomendable tener ésta experiencia en la etapa de la adolescencia, pues el primer amor marca tu vida, puede serlo para bien, pero en la mayoría de los casos, si es a muy temprana edad puede serlo para mal. Y muchos adolescentes confunden sentimientos de amistad y amor, queman etapas sin saborear bien lo que es una auténtica amistad y no dan tiempo para que ésta dé frutos. Piensan que porque se entienden bien con su nueva amistad inmediatamente tienen que ser novios. O incluso hay jóvenes y jóvenes “maduros” que crecen con ésta manera de pensar; que piensan con una mente de adolescente.
El noviazgo es una etapa transitoria que deja experiencias muy bonitas y que jamás se olvidan ya que es en esa etapa es en la que los jóvenes aprenden a conocerse mejor, para compartir momentos de muchas alegrías con esa persona especial.
En el noviazgo se pasa de la mera simpatía o del simple "gustarse" a una nueva relación de mayor conocimiento y que a su vez debe estar inspirada por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza.
Entonces, ¿cómo saber si el noviazgo me esta haciendo daño? Pues primeramente en el noviazgo no solo hay cosas buenas también suceden cosas negativas, es decir que cuando un joven mantiene una relación de noviazgo puede obtener una conducta negativa que a la larga le traerá consecuencias a su vida y por lo tanto es necesario que el o la joven se evalúe a si mismo y evalúe a su relación que mantiene y que acepte cuando su noviazgo le esta causando daño. Debe de tomar decisiones con mucha responsabilidad y madurez ya que esta decisión influirá en su vida y si se equivoca se lamentará quizás para siempre.
He aquí algunos síntomas: el o la joven deja a un lado sus relaciones amistosas; no le da la debida importancia a su familia, la ve de menos y prefiere estar más tiempo con la novia o novio; el o la joven se vuelve muy celoso (a) sin causa justificada; baja en su rendimiento laboral o descuida en gran manera sus estudios; no respeta la libertad, sentimientos y decisiones de la pareja; empieza a evadir responsabilidades.
Joven: ¿cómo vives tu noviazgo? Si lo llevas bien vivido, adelante, animo y consérvalo siempre así, se testimonio para las demás parejas. Pero sino, si te sientes identificado con algunos de éstos síntomas, retómalo y reconsidera tu noviazgo como lo que es. Puede que te esté afectando.
¡Feliz día del amor y la amistad! Celebremos no un simple sentimiento, sino al Sumo Amor, que nos comparte de su amor y hace que nosotros también amenos a los demás como él nos ama; no celebramos al amor, sino a las personas que amamos y que nos aman.
OCTAVIO ROSAS FIGUEROA
domingo, 25 de octubre de 2009
EL SER Y QUEHACER DE LOS MINISTROS
(ACÓLITO-LECTOR)
INTRODUCCIÓN
¿Qué es un ministerio?
En la Iglesia y el ámbito de la liturgia, para nuestra concepción actual, un ministerio es entendido como un SERVICIO (servitium) que se ejerce o desarrolla para bien de la comunidad. De ahí que un Ministro que ejerce un Ministerio es un servidor de la comunidad.
También se le denomina con el término Ministerio a los: officia (oficios) y los munera (funciones)
Y se dividen en dos tipos:
- Laicales y
- Derivados del Orden
Los ministerios pueden ser:
- Instituidos
- No instituidos
1.-EN CUANTO AL SER Y NATURALEZA DE LOS MINISTERIOS:
A.- Los ministerios y los carismas: dones del Espíritu a la Iglesia.
El Concilio Vaticano II presenta los ministerios y los carismas como dones del Espíritu Santo para la edificación del Cuerpo de Cristo y para el cumplimiento de su misión salvadora en el mundo.
B.- Ministerios en la sagrada escritura:
- 1 Pe 2, 4-10 - Jn 13, 14-15 - Ef 4, 1-7
La misión salvífica de la Iglesia en el mundo es llevada a cabo no sólo por los ministros en virtud del sacramento del Orden, sino también por todos los fieles laicos.
Los pastores, por tanto, han de reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los fieles laicos, que tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmación, y para muchos de ellos, además en el Matrimonio.
Sin embargo, el ejercicio de estas tareas no hace del fiel laico un pastor. En realidad, no es la tarea lo que constituye el ministerio, sino la ordenación sacramental.
Por otra parte, el sacerdocio ministerial, está esencialmente finalizado al sacerdocio real de todos los fieles y a éste ordenado.
C.- El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial
La diferencia esencial entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial no se encuentra, por tanto, en el sacerdocio de Cristo, el cual permanece siempre único e indivisible, ni tampoco en la santidad a la cual todos los fieles son llamados.
La diversidad está en relación con el modo de participación al sacerdocio de Cristo y es esencial en el sentido que mientras el sacerdocio común de los fieles se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal —vida de fe, de esperanza y de caridad, vida según el Espíritu— el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos. En consecuencia, el sacerdocio ministerial difiere en esencia y en grado del sacerdocio común de los fieles.
D.- El Lectorado y Acolitado son ministerios laicales.
Los ministerios pueden ser confiados a seglares, de modo que no se consideren como algo reservado a los candidatos al sacramento del Orden. Pero la institución de Lector y de Acólito, según la venerable tradición de la Iglesia, se reserva a los varones.
La colación de los ministerios no da derecho a que sea dada una sustentación o remuneración por parte de la Iglesia. Para los mismos candidatos, la dispensa de recibir los ministerios queda reservada a la Santa Sede.
2.- EN CUANTO AL QUEHACER:
A).- Ministerio del Lectorado.
El Lector queda instituido para la función, que le es propia, de leer la palabra de Dios en la asamblea litúrgica:
Proclamará las lecturas de la Sagrada Escritura, pero no el Evangelio, en la Misa y en las demás celebraciones sagradas;
Faltando el salmista, recitará el Salmo interleccional.
Proclamará las intenciones de la Oración Universal de los fieles.
Cuando no haya a disposición Diácono o cantor; dirigirá el canto y la participación del pueblo fiel.
Instruirá a los fieles para recibir dignamente los Sacramentos (La Catequesis).
También podrá, cuando sea necesario, encargarse de la preparación de otros fieles a quienes se encomiende temporalmente la lectura de la Sagrada Escritura en los actos litúrgicos.
En la celebración Eucarística el lector tiene un ministerio propio, reservado a él, aunque haya otro ministro de grado superior. Al ministerio de lector conferido por el rito litúrgico, hay que darle la debida importancia. Los que han sido instituidos como lectores, si los hay, deben ejercer su función propia por lo menos los domingos y fiestas, durante la misa principal.
En las Lecturas de la Palabra de Dios en la Misa, Dios habla a su pueblo, le descubre el misterio de la Redención y Salvación, y le ofrece el alimento espiritual; y el mismo Cristo, por su Palabra, se hace presente en medio de los fieles. Y según la tradición, el leer estos textos no es un oficio presidencial, sino ministerial. Por eso, quienes proclaman la Palabra de Dios en la Misa, han de evitar decir expresiones como: ésta es Palabra de Dios, hermanos ésta es…, o levantar en alto el leccionario o evangeliario como si fuera el libro la Palabra de Dios. Porque es el lector, el diácono o el sacerdote quienes se convierten en instrumentos de Dios, prestando su voz para que el mismo Dios y el mismo Cristo sea quien nos hable a través de ellos.
Cfr. IGMR # 29, 55, 57-60
B).- Ministerio del Acolitado.
El Acólito queda instituido para ayudar al Diácono y prestar su servicio al sacerdote. Es propio de él cuidar el servicio del altar, asistir al Diácono y al sacerdote en las funciones litúrgicas, principalmente en la celebración de la Misa.
Las funciones litúrgicas de un acólito instituido dentro de la Celebración Eucarística son:
· En la procesión, puede llevar la cruz entre dos ministros (los ciriales).
· Durante la celebración, presentar el libro al sacerdote.
· Cuando no hay diácono, terminada la oración universal, el acólito pone en el altar el corporal, el misal y prepara los dones. Cuando hay incensación, le entrega el incensario al sacerdote y lo acompaña en la incensación de las ofrendas y del altar.
· En calidad de ministro extraordinario ayuda al sacerdote a distribuir la comunión a los fieles. Cuando se distribuye bajo las dos especies, él sostiene el cáliz cuando ésta se reparte por intinción.
· Terminada la comunión, ayuda al sacerdote o al diácono a purificar.
Cfr. IGMR # 187-193
En determinadas circunstancias especiales o por causa de necesidad, se le podrá encargar que exponga públicamente a la adoración de los fieles el Sacramento de la Sagrada Eucaristía y hacer después la reserva; pero no que bendiga el pueblo.
Octavio Rosas Figueroa
AÑO JUBILAR
DE LA DIOCESIS DE CIUDAD VALLES
1960 - 2010
OBJETIVO:
Del 27 de noviembre del 2009 al 27 de noviembre del 2010, la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Ciudad Valles es convocada a celebrar con fe y gratitud sus cincuenta años de vida diocesana para crecer en la fraternidad y formar la comunidad cristiana renovando su vocación de discípulos y misioneros de Jesucristo.
LEMA:
“Año jubilar, año para evangelizar”
“50 años de evangelización, gracias Señor”
domingo, 6 de septiembre de 2009
María, discípula y misionera.
(D.A. 266-272)
La máxima realización de la vida cristiana como una vivencia trinitaria de hijos de Dios, nos es dada en la Virgen María, quien es modelo perfecto de la discípula del Señor. Ella ha vivido por entero toda la peregrinación de la fe como madre de Cristo y luego de los discípulos, sin que le fuera ahorrada la incomprensión y la búsqueda constante del proyecto del Padre.
Desde la cruz, Jesucristo confió a sus discípulos, representados por Juan, el don de la maternidad de María, que brota directamente de la hora Pascual de Cristo: “y desde aquél momento el discípulo la recibió como suya” (Jn.19, 27)
Perseverando junto a los apóstoles en la espera del Espíritu, cooperó con el nacimiento de la Iglesia misionera, imprimiéndole un sello mariano que la identifica hondamente. María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros.
En María nos encontramos con Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, asimismo con los hermanos. Por eso, María, Madre de la Iglesia, además de modelo y paradigma de humanidad, es artífice de comunión. Uno de los eventos fundamentales de la Iglesia es cuando el “sí” brotó de María. Ella atrae multitudes a la comunión con Jesús y su Iglesia, como experimentamos a menudo en los santuarios marianos.
Hoy que en nuestro continente americano se quiere enfatizar el discipulado y la misión, ella es quien brilla ante nuestros ojos como imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo. Ella nos enseña el primado de la escucha de la palabra en la vida del discípulo y misionero. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en “casa y escuela de comunión”.
Octavio Rosas Figueroa.
POEMA SOBRE LA EVANGELIZACIÓN EN LA CULTURA POSTMODERNA
A evangelizar
Un reto del mundo es conocer su cultura:
costumbres y lenguas,
expresiones que perduran.
Y no es tanto por conocer,
¡por que evangelizar nos apura!
Hoy se habla del modernismo,
del posmodernismo también.
Y la religión presenta un dinamismo
que la cultura ha influenciado
hasta lo más hondo del ser.
Y no es para más, si de política hablamos,
de economía y New Age,
tantas mezclas de culturas y religiones también.
hacen falta seres humanos que se vistan de cristianos
y anuncien a Cristo y a su evangelio de fe.
Los valores han quedado, como esferas y adornos
en un mundo secularizado por consumismo y placer,
hace falta quien promueva, la vida, el amor y la fe,
discípulos misioneros como Jesús de Nazaret.
La pobreza e ignorancia vayamos a evangelizar,
un mundo necesitado, con hambre y con sed.
Que las ideas no queden, en aula pupitre y pared,
con presteza y oración más las armas de la fe,
¡a evangelizar te invito!, la cultura; fe ten.
Octavio Rosas Figueroa.
martes, 23 de junio de 2009
CON MOTIVO DE LOS 50 AÑOS DE LA DIOCESIS DE VALLES.....¿QUE ES UN JUBILEO?
En la Biblia, según el libro del Levítico en su capítulo 25 del versículo 8 al versículo 12, Dios estableció el año jubilar:
“Contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de manera que el tiempo de las siete semanas de años vendrá a sumar cuarenta y nueve años. Entonces al séptimo mes, el diez del mes, harás resonar clamor de trompetas; en el día de la expiación haréis resonar el cuerno por toda vuestra tierra. Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra la liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada uno volverá con su familia. Este año cincuenta será para vosotros un jubileo; no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiarás la parra que ha quedado sin podar, porque es el jubileo, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que el campo dé.”
Así, cada cincuenta años los hebreos celebraban, por orden de Dios, el año jubilar. Era como un año especial de descanso, por eso, remarca que “será para vosotros un jubileo”, es decir, un año de gozo, un año de alegría muy intenso porque se descansa, es dedica a Dios, a hacer el bien, a estar con la familia.
Este Jubileo bíblico se proclamó para ofrecer descanso, libertad y perdón.
El jubileo que viene de Cristo tiene otras intensidades y otras profundidades. El antiguo se mueve más en la materialidad, el nuevo es el jubileo del Espíritu y en el Espíritu.
Hoy en día, la Iglesia Católica, cada 25 años declara año jubilar a todo el mundo. El último año jubilar fue el año 2000 (2000 años del nacimiento de Cristo).
El año jubilar es un año privilegiado en el que los cristianos podemos obtener el perdón de los pecados con algunas condiciones. La Iglesia nombra unas iglesias (principalmente San Pedro del Vaticano) donde se podrá ganar el jubileo, esto es, obtener indulgencia plenaria, el perdón de los pecados. Los cristianos obtendremos indulgencia plenaria si vamos a estos lugares y cumplimos las condiciones que se establezcan además de confesarse y recibir la comunión.
Jubileo: tiempo de gracia que Dios nos regala, tiempo de misericordia, tiempo de gozo, tiempo de alegría porque el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Es, fundamentalmente, un ejercicio de acción de gracias a Dios por todo lo que hace por nosotros.
Aparte del año jubilar mundial, la Iglesia puede declarar tiempo de jubileo a ciertas iglesias particulares de manera especial y concreta o de manera perpetua cada cierto tiempo.
Como es un tiempo de gracia, sagrado para los cristianos, la Iglesia tiene un cuidado especial de su concesión. Por esta razón sólo hay cinco ciudades en el mundo que gozan de jubileo perpetuo: Santiago de Compostela, Caravaca de la Cruz, Santo Toribio de Liébana, Roma y Jerusalén.
EL TIEMPO ORDINARIO
Todo el tiempo del año solar que no está comprendido ni en la Pascua, con su tiempo de preparación: Cuaresma, ni en el tiempo de Navidad, con su respectivo tiempo de preparación: El Adviento, es lo que llamamos, TIEMPO ORDINARIO. Por la fecha de la Pascua, obliga a que el este tiempo sea vivido en dos partes, una anterior a Cuaresma, que no llega a ser superior a ocho semanas, y otra posterior a Pentecostés que abarca alrededor de 26 semanas, o sea 34 Domingos. Por tanto, de las 52 semanas que se forma un año solar, 34 son del Tiempo Ordinario, mientras que las 18 restantes se reparten así: 6 de Cuaresma, 7 de Pascua, 4 de Adviento, 1 de Navidad. Esto nos hace notar que el Tiempo Ordinario, no es tan ordinario, y que no significa lo “cotidiano” o “rutinario”, sino que se contrapone a los tiempos fuertes.
Este Tiempo, también llamado en latín “Per annum” (para el resto del Año), tiene una riqueza propia y unos valores interesantes que también cuentan en la vida espiritual. Quisiera acentuar tres aspectos importantes:
1. El Tiempo Ordinario responde sencillamente a la vida normal. Es bueno que después de un espacio de fiesta siga otro más sencillo. No todo el año puede ser Pascua ni "ejercicios espirituales". En los tiempos fuertes se puede decir que nos vemos "obligados a celebrar" y hay "el deber de ser felices" (feliz Navidad... feliz Pascua). Ahora celebramos nada más y nada menos: que somos cristianos, que formamos la comunidad de los salvados y vivimos la vida como continúa historia de salvación. Los domingos verdes son los días en que sólo pasa eso: que es domingo.
2. El Tiempo normal es también el tiempo de la maduración. Acabamos de celebrar el misterio central: la Pascua. Y seguramente lo hemos hecho con intensidad y acentos de fiesta. Pero ahora se nos ofrece un espacio tranquilo para ir asimilando ese misterio de Cristo. No es un tiempo estéril: la semilla da frutos en la tranquilidad. Una cosa es celebrar festivamente la Pascua y otra vivir la Pascua que es lo mismo que vivir el Evangelio en la vida de cada día, interiorizando, madurando en el misterio de Cristo.
3. Estos meses de Tiempo Ordinario nos invitan a vivir el misterio de Cristo en su totalidad. La Navidad nos hizo celebrar la Encarnación y sus primeras manifestaciones. La Pascua, el misterio de la Muerte y de la Glorificación del Señor. El Tiempo Ordinario nos va presentando pausadamente la vida, las palabras, los gestos, la persona de Cristo, y así va iluminando nuestra existencia e interpelando nuestra vida cristiana.
Por eso, llegar al tiempo ordinario es estar en el tiempo del testimonio. Yo diría que en este largo tiempo lo principal es llevar el culto fuera del culto, centrarse más en la vida hacia afuera, que en la vida hacia dentro, porque hemos de salir de nosotros y vivir prácticamente, dentro del propio ambiente de vida, el espíritu recibido en el culto para poder testimoniarlo de palabra, pero sobre todo de obra. Este tiempo, nos ayudará a profundizar y desglosar el total misterio de Cristo que en los otros tiempos fuertes es considerado intensamente cada uno de esos misterios. Vivamos con intensidad este Tiempo Litúrgico que la Iglesia nos propone, y maduremos como comunidad cristiana caminando bajo un mismo ideal.
(Octavio Rosas Figueroa).
martes, 19 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
CUARESMA, ¿PROPÓSITOS, MERCADOTECNIA O PENITENCIA?
Muchas y en variadas ocasiones cuando se acerca el tiempo de Cuaresma vienen a nuestra mente las palabras: sacrificio, ayuno, propósitos, caminito cuaresmal, etc. En el plano alimenticio: pescado, mariscos, romeritos, nopales, capirotada, dejar de comer carne los viernes, entre otros de acuerdo a la cultura y gastronomía de cada pueblo.
Otros, piensan que la Cuaresma sólo es para beneficiar a las pescaderías y supermercados, para hacerles propaganda y su mercadotecnia funcione dejándoles grandes ganancias. Otros tantos, que es para “recortarnos” el bolsillo a quienes tenemos para lo indispensable de nuestra alimentación.
Hay quienes también hacen de la cuaresma una motivación para llevar a cabo propósitos en su vida. Por ejemplo: los que en este tiempo se proponen dejar de fumar, de tomar ésta o aquella bebida, de abstenerse de ciertos gustos y placeres, etc. Algunos compran o siguen los llamados “caminitos de cuaresma” con un propósito o actividad para cada día de la cuaresma.
Sin embargo, aunque pensemos de una u otra manera, la verdad es que la cuaresma es un tiempo litúrgico dentro de la Iglesia con una finalidad PENITENCIAL. Y la penitencia, - traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, - designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.
¿Y qué manifestaciones tiene la PENITENCIA? “La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Santos Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la ORACIÓN, y la CARIDAD, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados."(cfr. 1Pe, 4,8). (Catecismo Iglesia Católica, n. 1434).
De tal manera que la cuaresma no es un tiempo para complacer gustos alimenticios, ni para hacer negocio con los precios de los mariscos, ni para implementar técnicas de mercadotecnia con ella, ni para hacer propósitos externos que no están ligados a nuestra conversión, que son simples propósitos que no trascienden, quedándose en una práctica externa desligada de nuestra fe. Sino, es un tiempo privilegiado que la Iglesia nos propone para acercarnos a Dios, para avanzar en nuestro camino de conversión, si haciendo propósitos pero que nos ayuden a ir cambiando nuestra vida interior. Un tiempo para llegar “sanos y puros” a la Pascua del Señor. Vivamos la cuaresma con fe, iniciando estos cuarenta días penitenciales con las ganas y el deseo de renovar nuestra vida y nuestro corazón.
OCTAVIO ROSAS FIGUEROA
LA CELEBRACION ANUAL DE LA PASCUA Y EL TRIDUO SACRO
Al principio la Iglesia no celebró una conmemoración anual, como si se tratara de un aniversario de la Pascua (al estilo judío), sino que fieles a lo que Jesús hizo después de su resurrección en la que se aparecía a sus discípulos el primer día de la semana, o sea el actual domingo. Así los primeros cristianos adoptaron el llamado “Día del Sol” (como actualmente lo usan los anglosajones: “Sunday”) como el día para celebrar al Señor, a punto que los que abrazaban la fe fueron poco a poco dejando de celebrar el sábado (como hacen los Israelitas hasta el día de hoy) y le dieron al primer día de la semana su connotación sacra (reservado a Dios).
Cuando la Iglesia fue reconocida por el nuevo imperio bajo la corona de Constantino, el primer día de la semana o el día del sol, pasó a ser “Día del Señor” dicho en latín: “Dies Domini” y de allí la traducción al español “Domingo”. Es decir, la Iglesia no celebraba una Pascua Anual, conmemorativa, sino una Pascua Semanal en recuerdo de las apariciones del resucitado.
Poco a poco la idea de hacer una Pascua conmemorativa fue privilegiando el ahora llamado “Domingo de Resurrección” o “Domingo de Pascua”. Pero un día no era suficiente en el sentimiento popular por lo que se fue alargando dándole a los días precedentes un aspecto “historizante” es decir, tal cual como había sucedido en el pasado, desde el jueves hasta el Domingo... más tarde entró el domingo precedente o sea el VI de Cuaresma y recibió el titulo popular de “Domingo de Ramos” por las palmas que se bendicen con el fin de recordar la entrada mesiánica de Jesús a Jerusalén, cuya actual finalidad es “dejarnos claro que Jesús va a Jerusalén a morir en la cruz, por eso, después de la procesión con las palmas, la Iglesia nos propone escuchar la Pasión (un evangelista distinto en cada año): Jesús sube a Jerusalén para morir en la cruz.
a) ¿Trío o Cuarteto Sacro?
A partir del siglo IV y cada vez más por un motivo historizante e imitativo de los eventos, se formó el “Triduo Santísimo del Señor crucificado, sepultado y resucitado”.
Las celebraciones litúrgicas de estos tres días, desde la tarde del jueves hasta el domingo, representan la única celebración del Misterio Pascual. Pero, tras una muy larga carrera de siglos, estas celebraciones fueron apartándose del misterio y cada vez más se concentraban en las representaciones. No fue sino hasta el Papa Pío XII que somete a la Semana Santa a una verdadera y radical purificación (1951-1955), que pocos años más tarde consagrara la Reforma Litúrgica del Vaticano II.
Como ya sabemos, el día para los judíos contemporáneos a Jesús no iniciaba a la media noche, como hoy en día, sino a las 6:00 PM del día anterior. Es decir, Jesús celebra la Última Cena con sus discípulos un jueves (de nosotros) pero no de los judíos, para ellos ya era viernes. Por tanto, los días del Triduo Sacro son tres: viernes, sábado y domingo.
No se celebra, por tanto, tres misterios, sino uno sólo. No se trata de tres fiestas, sino de una sola fiesta en tres partes. Es la celebración de un mismo misterio en tres facetas, pero jamás debe perderse de vista el ÚNICO MISTERIO de la Redención.
b). Kronos y Kairos.
Debemos tener siempre presente la centralidad del misterio Pascual de Jesucristo, es decir, su Pasión-Muerte-Resurrección. Y aunque no se pudiera haber llegado a esto, sin el nacimiento, éste está subordinado al otro: Cristo vino al mundo para salvarnos y establecer una nueva relación, una nueva creación que inicia con la resurrección.
Recordemos que Cristo es 100% Dios, pero a la vez, es 100% hombre. Como Dios él pertenece a la eternidad (no tiene principio, ni fin), pero como hombre comparte nuestra historicidad (se encarnó, padeció, murió y resucitó). Jesucristo al regresar a la derecha del Padre en el Cielo introdujo en la eternidad todas sus acciones humanas, por lo tanto, todas las acciones humanas de Cristo están en un eterno presente y a este presente sólo se llega mediante las acciones litúrgicas, porque simple y sencillamente son acciones del Espíritu Santo en las cuales la Iglesia, esposa de Cristo, es amorosamente asociada.
Y el tiempo que la Iglesia reconoce en el que se viven y desarrollan las acciones litúrgicas es el “kairos”, un tiempo espiral que aunque es cíclico, siempre está en un continuo ascender, impulsado por el misterio pascual del Señor.
En cambio, el tiempo “cronológico” sigue siendo la consecución de segundos, minutos, horas, etc. Y aunque también es cíclico, éste no es trascendente sino que permanece sujeto al momento histórico (inmanente).
c) Espiritualidad del Triduo Pascual
El Triduo Sacro es la celebración o fiesta más importante del cristianismo y no hay nada más importante, simple y sencillamente porque por ella, todos hemos recibido la salvación y la razón de nuestra esperanza.
Pese a que no está considerada como días de precepto, se sobre entiende que lo sea, ya que no son tres celebraciones, sino una celebración en tres partes. Pero, la celebración no debería reducirse al momento litúrgico sino a crear un “ambiente,” una espiritualidad de estos días.
Tenemos que entender que el Jueves y el Viernes están en íntima relación, pues si el Señor celebró su Cena, lo hizo como anticipación de su crucifixión. Y si aceptó la voluntad del Padre de morir en la cruz, es porque lo hacía en referencia a la Redención. Por tanto, el estilo más bien dramático - de considerar cada día en lo singular – desfigura la única celebración que es el Triduo.
Por eso, esta Semana Santa, disfrutémosla y llevémosla a nuestra vida, a nuestra persona. Celebremos el Triduo Pascual, participando en las celebraciones, devociones populares y actos litúrgicos viviéndolos intensamente. Unámonos con Cristo padeciendo, sufriendo, muriendo y resucitándolo junto con El a una vida nueva, una vida de gracia y plenitud. Que la penitencia cuaresmal vea su premio en los frutos pascuales en cada uno de nosotros. ¡FELICES PASCUAS!
Sem. OCTAVIO ROSAS FIGUEROA.
La maternidad de María
Mayo es el mes dedicado civilmente al ser mas preciado en la Tierra: la Madre; pero religiosamente es el mes dedicado a nuestra Madre de todos los creyentes, la Virgen María. Por eso, Mayo es el mes de María, un mes en que recordamos especialmente su maternidad, y la maternidad de María es un dogma de nuestra Iglesia, es decir, una verdad que debemos creer y asimilar con nuestro entendimiento y nuestra voluntad.
Fue en el Concilio de Éfeso, el año 431, cuando se estableció que la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque su Hijo, Cristo, es verdadero Dios y verdadero hombre; así es como quedó fijada la Maternidad Divina de María, no en sentido figurado, sino real y propio. El dogma establecido en ese entonces ha permanecido intacto en la tradición de la Iglesia católica y en otras confesiones cristianas, porque la Virgen María, es real y verdaderamente Madre de Dios y Madre nuestra.
Podríamos afirmar que la Maternidad de María es el mayor privilegio que le concede Dios (ser su propia Madre); y de este proceden todos los demás favores marianos personales y sociales que recibe, y que nosotros recibimos a través de ella. Podríamos también preguntarnos: ¿porqué la Virgen es Madre de Dios si ella fue la mamá de Jesús? Pues la Virgen es verdadera Madre de Dios, por haber gestado y dado a luz a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Y sobre todo, hay que tener en cuenta que este dogma esta en íntima conexión con la Encarnación de Jesucristo: "el Verbo se hizo Carne" (Jn 1,14), aunque ciertamente, estos son los grandes misterios que el hombre no alcanza a comprender dentro de los planes y designios eternos de Dios.
La maternidad de María, nos invita a valorar a nuestra madre propia de cada una de nuestras familias, y a mirar hacia ella y contemplarla como nuestra Madre del Cielo, nuestra Protectora, nuestro Amparo, quien nos cuida, quien nos cubre con su manto y nos ayuda a caminar día con día nuestro peregrinar en este mundo. En este mes, celebremos a María como nuestra Madre, y a cada una de nuestras mamás al igual que a María, porque ella, es figura y modelo de todas las mamás. ¡Felicidades!
Octavio Rosas Figueroa
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