María, discípula y misionera.
(D.A. 266-272)
La máxima realización de la vida cristiana como una vivencia trinitaria de hijos de Dios, nos es dada en la Virgen María, quien es modelo perfecto de la discípula del Señor. Ella ha vivido por entero toda la peregrinación de la fe como madre de Cristo y luego de los discípulos, sin que le fuera ahorrada la incomprensión y la búsqueda constante del proyecto del Padre.
Desde la cruz, Jesucristo confió a sus discípulos, representados por Juan, el don de la maternidad de María, que brota directamente de la hora Pascual de Cristo: “y desde aquél momento el discípulo la recibió como suya” (Jn.19, 27)
Perseverando junto a los apóstoles en la espera del Espíritu, cooperó con el nacimiento de la Iglesia misionera, imprimiéndole un sello mariano que la identifica hondamente. María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros.
En María nos encontramos con Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, asimismo con los hermanos. Por eso, María, Madre de la Iglesia, además de modelo y paradigma de humanidad, es artífice de comunión. Uno de los eventos fundamentales de la Iglesia es cuando el “sí” brotó de María. Ella atrae multitudes a la comunión con Jesús y su Iglesia, como experimentamos a menudo en los santuarios marianos.
Hoy que en nuestro continente americano se quiere enfatizar el discipulado y la misión, ella es quien brilla ante nuestros ojos como imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo. Ella nos enseña el primado de la escucha de la palabra en la vida del discípulo y misionero. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en “casa y escuela de comunión”.
Octavio Rosas Figueroa.
domingo, 6 de septiembre de 2009
POEMA SOBRE LA EVANGELIZACIÓN EN LA CULTURA POSTMODERNA
A evangelizar
Un reto del mundo es conocer su cultura:
costumbres y lenguas,
expresiones que perduran.
Y no es tanto por conocer,
¡por que evangelizar nos apura!
Hoy se habla del modernismo,
del posmodernismo también.
Y la religión presenta un dinamismo
que la cultura ha influenciado
hasta lo más hondo del ser.
Y no es para más, si de política hablamos,
de economía y New Age,
tantas mezclas de culturas y religiones también.
hacen falta seres humanos que se vistan de cristianos
y anuncien a Cristo y a su evangelio de fe.
Los valores han quedado, como esferas y adornos
en un mundo secularizado por consumismo y placer,
hace falta quien promueva, la vida, el amor y la fe,
discípulos misioneros como Jesús de Nazaret.
La pobreza e ignorancia vayamos a evangelizar,
un mundo necesitado, con hambre y con sed.
Que las ideas no queden, en aula pupitre y pared,
con presteza y oración más las armas de la fe,
¡a evangelizar te invito!, la cultura; fe ten.
Octavio Rosas Figueroa.
martes, 23 de junio de 2009
CON MOTIVO DE LOS 50 AÑOS DE LA DIOCESIS DE VALLES.....¿QUE ES UN JUBILEO?
En la Biblia, según el libro del Levítico en su capítulo 25 del versículo 8 al versículo 12, Dios estableció el año jubilar:
“Contarás siete semanas de años, siete veces siete años; de manera que el tiempo de las siete semanas de años vendrá a sumar cuarenta y nueve años. Entonces al séptimo mes, el diez del mes, harás resonar clamor de trompetas; en el día de la expiación haréis resonar el cuerno por toda vuestra tierra. Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra la liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada uno volverá con su familia. Este año cincuenta será para vosotros un jubileo; no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiarás la parra que ha quedado sin podar, porque es el jubileo, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que el campo dé.”
Así, cada cincuenta años los hebreos celebraban, por orden de Dios, el año jubilar. Era como un año especial de descanso, por eso, remarca que “será para vosotros un jubileo”, es decir, un año de gozo, un año de alegría muy intenso porque se descansa, es dedica a Dios, a hacer el bien, a estar con la familia.
Este Jubileo bíblico se proclamó para ofrecer descanso, libertad y perdón.
El jubileo que viene de Cristo tiene otras intensidades y otras profundidades. El antiguo se mueve más en la materialidad, el nuevo es el jubileo del Espíritu y en el Espíritu.
Hoy en día, la Iglesia Católica, cada 25 años declara año jubilar a todo el mundo. El último año jubilar fue el año 2000 (2000 años del nacimiento de Cristo).
El año jubilar es un año privilegiado en el que los cristianos podemos obtener el perdón de los pecados con algunas condiciones. La Iglesia nombra unas iglesias (principalmente San Pedro del Vaticano) donde se podrá ganar el jubileo, esto es, obtener indulgencia plenaria, el perdón de los pecados. Los cristianos obtendremos indulgencia plenaria si vamos a estos lugares y cumplimos las condiciones que se establezcan además de confesarse y recibir la comunión.
Jubileo: tiempo de gracia que Dios nos regala, tiempo de misericordia, tiempo de gozo, tiempo de alegría porque el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Es, fundamentalmente, un ejercicio de acción de gracias a Dios por todo lo que hace por nosotros.
Aparte del año jubilar mundial, la Iglesia puede declarar tiempo de jubileo a ciertas iglesias particulares de manera especial y concreta o de manera perpetua cada cierto tiempo.
Como es un tiempo de gracia, sagrado para los cristianos, la Iglesia tiene un cuidado especial de su concesión. Por esta razón sólo hay cinco ciudades en el mundo que gozan de jubileo perpetuo: Santiago de Compostela, Caravaca de la Cruz, Santo Toribio de Liébana, Roma y Jerusalén.
EL TIEMPO ORDINARIO
Todo el tiempo del año solar que no está comprendido ni en la Pascua, con su tiempo de preparación: Cuaresma, ni en el tiempo de Navidad, con su respectivo tiempo de preparación: El Adviento, es lo que llamamos, TIEMPO ORDINARIO. Por la fecha de la Pascua, obliga a que el este tiempo sea vivido en dos partes, una anterior a Cuaresma, que no llega a ser superior a ocho semanas, y otra posterior a Pentecostés que abarca alrededor de 26 semanas, o sea 34 Domingos. Por tanto, de las 52 semanas que se forma un año solar, 34 son del Tiempo Ordinario, mientras que las 18 restantes se reparten así: 6 de Cuaresma, 7 de Pascua, 4 de Adviento, 1 de Navidad. Esto nos hace notar que el Tiempo Ordinario, no es tan ordinario, y que no significa lo “cotidiano” o “rutinario”, sino que se contrapone a los tiempos fuertes.
Este Tiempo, también llamado en latín “Per annum” (para el resto del Año), tiene una riqueza propia y unos valores interesantes que también cuentan en la vida espiritual. Quisiera acentuar tres aspectos importantes:
1. El Tiempo Ordinario responde sencillamente a la vida normal. Es bueno que después de un espacio de fiesta siga otro más sencillo. No todo el año puede ser Pascua ni "ejercicios espirituales". En los tiempos fuertes se puede decir que nos vemos "obligados a celebrar" y hay "el deber de ser felices" (feliz Navidad... feliz Pascua). Ahora celebramos nada más y nada menos: que somos cristianos, que formamos la comunidad de los salvados y vivimos la vida como continúa historia de salvación. Los domingos verdes son los días en que sólo pasa eso: que es domingo.
2. El Tiempo normal es también el tiempo de la maduración. Acabamos de celebrar el misterio central: la Pascua. Y seguramente lo hemos hecho con intensidad y acentos de fiesta. Pero ahora se nos ofrece un espacio tranquilo para ir asimilando ese misterio de Cristo. No es un tiempo estéril: la semilla da frutos en la tranquilidad. Una cosa es celebrar festivamente la Pascua y otra vivir la Pascua que es lo mismo que vivir el Evangelio en la vida de cada día, interiorizando, madurando en el misterio de Cristo.
3. Estos meses de Tiempo Ordinario nos invitan a vivir el misterio de Cristo en su totalidad. La Navidad nos hizo celebrar la Encarnación y sus primeras manifestaciones. La Pascua, el misterio de la Muerte y de la Glorificación del Señor. El Tiempo Ordinario nos va presentando pausadamente la vida, las palabras, los gestos, la persona de Cristo, y así va iluminando nuestra existencia e interpelando nuestra vida cristiana.
Por eso, llegar al tiempo ordinario es estar en el tiempo del testimonio. Yo diría que en este largo tiempo lo principal es llevar el culto fuera del culto, centrarse más en la vida hacia afuera, que en la vida hacia dentro, porque hemos de salir de nosotros y vivir prácticamente, dentro del propio ambiente de vida, el espíritu recibido en el culto para poder testimoniarlo de palabra, pero sobre todo de obra. Este tiempo, nos ayudará a profundizar y desglosar el total misterio de Cristo que en los otros tiempos fuertes es considerado intensamente cada uno de esos misterios. Vivamos con intensidad este Tiempo Litúrgico que la Iglesia nos propone, y maduremos como comunidad cristiana caminando bajo un mismo ideal.
(Octavio Rosas Figueroa).
martes, 19 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
CUARESMA, ¿PROPÓSITOS, MERCADOTECNIA O PENITENCIA?
Muchas y en variadas ocasiones cuando se acerca el tiempo de Cuaresma vienen a nuestra mente las palabras: sacrificio, ayuno, propósitos, caminito cuaresmal, etc. En el plano alimenticio: pescado, mariscos, romeritos, nopales, capirotada, dejar de comer carne los viernes, entre otros de acuerdo a la cultura y gastronomía de cada pueblo.
Otros, piensan que la Cuaresma sólo es para beneficiar a las pescaderías y supermercados, para hacerles propaganda y su mercadotecnia funcione dejándoles grandes ganancias. Otros tantos, que es para “recortarnos” el bolsillo a quienes tenemos para lo indispensable de nuestra alimentación.
Hay quienes también hacen de la cuaresma una motivación para llevar a cabo propósitos en su vida. Por ejemplo: los que en este tiempo se proponen dejar de fumar, de tomar ésta o aquella bebida, de abstenerse de ciertos gustos y placeres, etc. Algunos compran o siguen los llamados “caminitos de cuaresma” con un propósito o actividad para cada día de la cuaresma.
Sin embargo, aunque pensemos de una u otra manera, la verdad es que la cuaresma es un tiempo litúrgico dentro de la Iglesia con una finalidad PENITENCIAL. Y la penitencia, - traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, - designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.
¿Y qué manifestaciones tiene la PENITENCIA? “La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Santos Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la ORACIÓN, y la CARIDAD, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados."(cfr. 1Pe, 4,8). (Catecismo Iglesia Católica, n. 1434).
De tal manera que la cuaresma no es un tiempo para complacer gustos alimenticios, ni para hacer negocio con los precios de los mariscos, ni para implementar técnicas de mercadotecnia con ella, ni para hacer propósitos externos que no están ligados a nuestra conversión, que son simples propósitos que no trascienden, quedándose en una práctica externa desligada de nuestra fe. Sino, es un tiempo privilegiado que la Iglesia nos propone para acercarnos a Dios, para avanzar en nuestro camino de conversión, si haciendo propósitos pero que nos ayuden a ir cambiando nuestra vida interior. Un tiempo para llegar “sanos y puros” a la Pascua del Señor. Vivamos la cuaresma con fe, iniciando estos cuarenta días penitenciales con las ganas y el deseo de renovar nuestra vida y nuestro corazón.
OCTAVIO ROSAS FIGUEROA
LA CELEBRACION ANUAL DE LA PASCUA Y EL TRIDUO SACRO
Al principio la Iglesia no celebró una conmemoración anual, como si se tratara de un aniversario de la Pascua (al estilo judío), sino que fieles a lo que Jesús hizo después de su resurrección en la que se aparecía a sus discípulos el primer día de la semana, o sea el actual domingo. Así los primeros cristianos adoptaron el llamado “Día del Sol” (como actualmente lo usan los anglosajones: “Sunday”) como el día para celebrar al Señor, a punto que los que abrazaban la fe fueron poco a poco dejando de celebrar el sábado (como hacen los Israelitas hasta el día de hoy) y le dieron al primer día de la semana su connotación sacra (reservado a Dios).
Cuando la Iglesia fue reconocida por el nuevo imperio bajo la corona de Constantino, el primer día de la semana o el día del sol, pasó a ser “Día del Señor” dicho en latín: “Dies Domini” y de allí la traducción al español “Domingo”. Es decir, la Iglesia no celebraba una Pascua Anual, conmemorativa, sino una Pascua Semanal en recuerdo de las apariciones del resucitado.
Poco a poco la idea de hacer una Pascua conmemorativa fue privilegiando el ahora llamado “Domingo de Resurrección” o “Domingo de Pascua”. Pero un día no era suficiente en el sentimiento popular por lo que se fue alargando dándole a los días precedentes un aspecto “historizante” es decir, tal cual como había sucedido en el pasado, desde el jueves hasta el Domingo... más tarde entró el domingo precedente o sea el VI de Cuaresma y recibió el titulo popular de “Domingo de Ramos” por las palmas que se bendicen con el fin de recordar la entrada mesiánica de Jesús a Jerusalén, cuya actual finalidad es “dejarnos claro que Jesús va a Jerusalén a morir en la cruz, por eso, después de la procesión con las palmas, la Iglesia nos propone escuchar la Pasión (un evangelista distinto en cada año): Jesús sube a Jerusalén para morir en la cruz.
a) ¿Trío o Cuarteto Sacro?
A partir del siglo IV y cada vez más por un motivo historizante e imitativo de los eventos, se formó el “Triduo Santísimo del Señor crucificado, sepultado y resucitado”.
Las celebraciones litúrgicas de estos tres días, desde la tarde del jueves hasta el domingo, representan la única celebración del Misterio Pascual. Pero, tras una muy larga carrera de siglos, estas celebraciones fueron apartándose del misterio y cada vez más se concentraban en las representaciones. No fue sino hasta el Papa Pío XII que somete a la Semana Santa a una verdadera y radical purificación (1951-1955), que pocos años más tarde consagrara la Reforma Litúrgica del Vaticano II.
Como ya sabemos, el día para los judíos contemporáneos a Jesús no iniciaba a la media noche, como hoy en día, sino a las 6:00 PM del día anterior. Es decir, Jesús celebra la Última Cena con sus discípulos un jueves (de nosotros) pero no de los judíos, para ellos ya era viernes. Por tanto, los días del Triduo Sacro son tres: viernes, sábado y domingo.
No se celebra, por tanto, tres misterios, sino uno sólo. No se trata de tres fiestas, sino de una sola fiesta en tres partes. Es la celebración de un mismo misterio en tres facetas, pero jamás debe perderse de vista el ÚNICO MISTERIO de la Redención.
b). Kronos y Kairos.
Debemos tener siempre presente la centralidad del misterio Pascual de Jesucristo, es decir, su Pasión-Muerte-Resurrección. Y aunque no se pudiera haber llegado a esto, sin el nacimiento, éste está subordinado al otro: Cristo vino al mundo para salvarnos y establecer una nueva relación, una nueva creación que inicia con la resurrección.
Recordemos que Cristo es 100% Dios, pero a la vez, es 100% hombre. Como Dios él pertenece a la eternidad (no tiene principio, ni fin), pero como hombre comparte nuestra historicidad (se encarnó, padeció, murió y resucitó). Jesucristo al regresar a la derecha del Padre en el Cielo introdujo en la eternidad todas sus acciones humanas, por lo tanto, todas las acciones humanas de Cristo están en un eterno presente y a este presente sólo se llega mediante las acciones litúrgicas, porque simple y sencillamente son acciones del Espíritu Santo en las cuales la Iglesia, esposa de Cristo, es amorosamente asociada.
Y el tiempo que la Iglesia reconoce en el que se viven y desarrollan las acciones litúrgicas es el “kairos”, un tiempo espiral que aunque es cíclico, siempre está en un continuo ascender, impulsado por el misterio pascual del Señor.
En cambio, el tiempo “cronológico” sigue siendo la consecución de segundos, minutos, horas, etc. Y aunque también es cíclico, éste no es trascendente sino que permanece sujeto al momento histórico (inmanente).
c) Espiritualidad del Triduo Pascual
El Triduo Sacro es la celebración o fiesta más importante del cristianismo y no hay nada más importante, simple y sencillamente porque por ella, todos hemos recibido la salvación y la razón de nuestra esperanza.
Pese a que no está considerada como días de precepto, se sobre entiende que lo sea, ya que no son tres celebraciones, sino una celebración en tres partes. Pero, la celebración no debería reducirse al momento litúrgico sino a crear un “ambiente,” una espiritualidad de estos días.
Tenemos que entender que el Jueves y el Viernes están en íntima relación, pues si el Señor celebró su Cena, lo hizo como anticipación de su crucifixión. Y si aceptó la voluntad del Padre de morir en la cruz, es porque lo hacía en referencia a la Redención. Por tanto, el estilo más bien dramático - de considerar cada día en lo singular – desfigura la única celebración que es el Triduo.
Por eso, esta Semana Santa, disfrutémosla y llevémosla a nuestra vida, a nuestra persona. Celebremos el Triduo Pascual, participando en las celebraciones, devociones populares y actos litúrgicos viviéndolos intensamente. Unámonos con Cristo padeciendo, sufriendo, muriendo y resucitándolo junto con El a una vida nueva, una vida de gracia y plenitud. Que la penitencia cuaresmal vea su premio en los frutos pascuales en cada uno de nosotros. ¡FELICES PASCUAS!
Sem. OCTAVIO ROSAS FIGUEROA.
La maternidad de María
Mayo es el mes dedicado civilmente al ser mas preciado en la Tierra: la Madre; pero religiosamente es el mes dedicado a nuestra Madre de todos los creyentes, la Virgen María. Por eso, Mayo es el mes de María, un mes en que recordamos especialmente su maternidad, y la maternidad de María es un dogma de nuestra Iglesia, es decir, una verdad que debemos creer y asimilar con nuestro entendimiento y nuestra voluntad.
Fue en el Concilio de Éfeso, el año 431, cuando se estableció que la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque su Hijo, Cristo, es verdadero Dios y verdadero hombre; así es como quedó fijada la Maternidad Divina de María, no en sentido figurado, sino real y propio. El dogma establecido en ese entonces ha permanecido intacto en la tradición de la Iglesia católica y en otras confesiones cristianas, porque la Virgen María, es real y verdaderamente Madre de Dios y Madre nuestra.
Podríamos afirmar que la Maternidad de María es el mayor privilegio que le concede Dios (ser su propia Madre); y de este proceden todos los demás favores marianos personales y sociales que recibe, y que nosotros recibimos a través de ella. Podríamos también preguntarnos: ¿porqué la Virgen es Madre de Dios si ella fue la mamá de Jesús? Pues la Virgen es verdadera Madre de Dios, por haber gestado y dado a luz a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Y sobre todo, hay que tener en cuenta que este dogma esta en íntima conexión con la Encarnación de Jesucristo: "el Verbo se hizo Carne" (Jn 1,14), aunque ciertamente, estos son los grandes misterios que el hombre no alcanza a comprender dentro de los planes y designios eternos de Dios.
La maternidad de María, nos invita a valorar a nuestra madre propia de cada una de nuestras familias, y a mirar hacia ella y contemplarla como nuestra Madre del Cielo, nuestra Protectora, nuestro Amparo, quien nos cuida, quien nos cubre con su manto y nos ayuda a caminar día con día nuestro peregrinar en este mundo. En este mes, celebremos a María como nuestra Madre, y a cada una de nuestras mamás al igual que a María, porque ella, es figura y modelo de todas las mamás. ¡Felicidades!
Octavio Rosas Figueroa
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